La prohibición de las bolsas de plástico

La prohibición de las bolsas de plástico

 

Elogio en nuestros gobernantes su voluntad de cambiar la sociedad, su trabajo por crear un nuevo modelo económico y por conseguir avanzar hacia la igualdad social y hacia el respeto hacia nuestro entorno. En una Isla como la nuestra con un territorio finito y unos recursos limitados tenemos que tomar consciencia y medidas para no ‘cargarnos’ nuestro principal activo; el medio ambiente, el paisaje que tanto valoran los millones de personas que nos visitan cada año.

Ahora bien, esta protección del medio ambiente tiene que conseguir un punto de encuentro con el desarrollo económico. La palabra clave en este caso se llama sostenibilidad; tanto des de la perspectiva ecológica como económica.
Debo expresar mi temor ante unos gobernantes que, en muchas ocasiones parecen más preocupados por prohibir, limitar y encasillar que por dar soluciones alternativas sobre todo a la actividad económica. Y hablo, en este caso, de la prohibición de las bolsas de plástico en el pequeño comercio.

El Govern lanza una ley de residuos con la finalidad de que en 2019 ya no haya estas bolsas. La medida nos parece correcta para avanzar en este modelo de sostenibilidad si bien se tendría que escuchar al pequeño comercio. Ver si esta fecha es viable o si se puede retrasar un poco. También tendríamos que ver si se puede articular algún sistema para compensar el enorme dispendio que supondrá adoptar otro tipo de bolsas biodegradables o reciclables como las de papel.

Desde Pimeco consideramos aún más grave el hecho de que en el municipio de Palma se haya adelantado esta medida hasta el 1 de enero de 2018 lo que da nulo margen de maniobra a los comerciantes. En este sentido creemos necesario retrasar esta medida pero no por falta de compromiso con nuestro entorno sino para dar una solución real al ‘stock’ de bolsas existentes en estos momentos. No sería para nada lógico que estas bolsas, al no poder usarse acabasen en la basura con lo que no adelantaríamos nada.

El comerciante, en estos momentos y a pesar de la recuperación económica, no está ni de lejos en su mejor momento. Ahogados por impuestos, costes laborales, liberalización de horarios y la competencia de las grandes superficies y la desleal del top manta, el pequeño comercio se merece un esfuerzo por parte de nuestros gobernantes. Este esfuerzo debe ir encaminado a hacer compatible la sostenibilidad medioambiental con la viabilidad económica de estos negocios que, no lo olvidemos, crean empleo y construyen el día a día de nuestros pueblos y ciudades.

Bernat Coll i Fiol 

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