Entrevista a Sebastià Rojas, de Saglà

Entrevista a Sebastià Rojas, de Saglà

«Yo veo la afluencia de gente de los sábados a Santa Catalina como una bendición»

 

La familia de Sebastià Rojas (Palma, 1987) tenía una empresa de distribución de productos cárnicos, pero él nunca se había implicado demasiado en su actividad y decidió estudiar una ingeniería. Hace nueve años, «más por curiosidad que otra cosa», abrió una tienda especializada en jamón. El mundo de los productos ibéricos de alta calidad, del queso artesanal y del vino le empezó a «enganchar». Hoy vende en un puesto de la plaza del Olivar y en otro de Santa Catalina. En esta entrevista, nos habla de sus establecimientos comerciales y se muestra partidario de adaptar la actividad de los mercados a las nuevas costumbres.

 

 

Pregunta.- ¿Cuál es la filosofía de su empresa, Saglà?

Respuesta.- Defender los productos nacionales auténticos. Nosotros conocemos a la persona que hace cada uno de los productos que vendemos. Nuestra implicación tiene que ser máxima para traerlos aquí y preservar sus cualidades, porque en Mallorca tenemos un clima muy específico, que hace que día a día los productos cambien muchísimo. Un queso de Asturias, por ejemplo, con la humedad que hay aquí, necesita mucho cuidado.

P.- ¿Cómo selecciona los productos que ofrece a su clientela?

R.- En España tenemos dos clases de empresas de alimentación: una apuesta por la marca y detrás de ella coloca el producto y la otra hace al revés, apuesta por la calidad e invierte menos en imagen. Nosotros nos centramos en el segundo tipo de empresa. Aquí se pueden encontrar quince marcas de jamón, ninguna de ellas conocida, que detrás tienen tres y cuatro generaciones que han luchado por que su calidad sea muy elevada.

P.- ¿Es diferente la actividad de la plaza del Olivar y la del mercado de Santa Catalina?

R.- El Olivar es muy grande y la gente se pierde un poco; tiene muchas comodidades y eso hace que el público lo vea como una galería comercial; la gente va a pasear y hay el típico turisteo de la foto, que hace que tengas que tenerlo todo muy bonito, pero luego eso no se traduce necesariamente en compras. Santa Catalina es un mercado mucho más auténtico, pero, al ser más pequeño, los cambios se notan rápido y son muy bruscos.

P.- ¿Cómo le va operando en el interior de un mercado?

R.- No todo son ventajas. El ejemplo más claro es el del horario, de 8 a 3 de la tarde, es decir, al revés del horario de apertura que necesita un padre o una madre que trabaja. ¿Quiénes son entonces nuestros clientes? Gente adinerada que no tiene necesidad de trabajar, jubilados o parados. ¿Es eso un mercado tradicional? Yo creo que no. El mercado tradicional tiene que abrir en unos horarios adecuados para la gente que trabaja, y a eso le estamos dando la espalda. El único día que le permite venir al cliente que trabaja es el sábado y, encima, eso se critica.

P.- ¿Se refiere a la crítica por la concentración de gente los sábados en Santa Catalina?

R.- Sí. La respuesta de los clientes es venir en masa en sábado porque el sábado realmente es el único día que les estamos ofreciendo. No se abre un jueves o un viernes por la tarde. Cuando se han organizado actividades vespertinas, la respuesta ha sido contundente: la gente te dice que quiere utilizar los mercados como espacios para la socialización. Es una experiencia cultural, algo muy español, porque tenemos un clima buenísimo para salir a la calle y estamos acostumbrados a tomarnos algo con los vecinos.

P.- ¿Cuál es, entonces, la valoración que usted hace del fenómeno de los sábados?

R.- Yo veo la afluencia de gente de los sábados a Santa Catalina como una bendición, no como un problema. Aquí no viene la gente a gastarse tres euros y pasar el día; aquí, una pareja, tomando algo y picando, se puede llegar a gastar cincuenta y sesenta euros. Estamos atrayendo a gente con un poder adquisitivo alto. Es verdad que en Santa Catalina, los sábados, a veces hay muchísima gente, pero no entiendo que ahora la respuesta sea salir en las noticias y decir que no queremos a esa gente.

P.- Entonces, ¿cómo habría que actuar ante las aglomeraciones de público?

R.- Estas cosas hay que ordenarlas. Yo creo que el primer paso tendría que ser el diálogo. Pero aquí no hay diálogo. En este mercado hay una división absoluta y yo no le veo un buen final. Es algo que pasa mucho en esta isla: primero destruimos y luego nos lamentamos. El problema principal es que las personas que dirigen los mercados siempre han sido las mismas; nunca ha habido otra opción. Tenemos un sistema de poder antiguo y rancio, un sistema en el que se manda, no se representa.

P.- ¿Qué opinión le merece la gestión de esas personas?

R.- En algunas cosas es excelente, porque es gente con mucha experiencia y que ha vivido muchas cosas, pero creo que no se está dando respuesta a las nuevas tendencias, como en el caso de los horarios, el ejemplo más claro de ello.

P.- ¿Cómo ve usted el futuro de mercados como el de Santa Catalina o el del Olivar?

R.- Hay muchas posibilidades de que se conviertan en galerías comerciales dirigidas por empresas privadas, con las mismas tiendas que vemos en todas partes. Ahora mismo, las decisiones las toman muy pocas personas y eso es muy peligroso, porque al final no se defiende el interés de todos, sino intereses propios. No se escuchan las nuevas ideas, y eso que hay mucha gente con iniciativa, y gente del mundo de la gastronomía con mucho reconocimiento a nivel internacional a la que no se trata nada bien.

P.- Y a usted personalmente, ¿dónde le gustaría estar dentro de diez años?

R.- Me gustaría estar en el mismo sitio, pero con ganas de venir a trabajar todos los días, con vitalidad, algo a lo que ninguna gran empresa nos puede ganar. Las multinacionales se han dado cuenta de que la gente valora lo auténtico, lo artesanal, y tratan de imitarlo, de copiar esa imagen. Me da pena que nosotros no seamos capaces de apreciarlo. Me gustaría seguir viendo en los mercados esa autenticidad; me gustaría que echáramos carbón al fuego del mercado para que siga vivo.


Saglà está en el mercado de Santa Catalina, en el mercado de la plaza del Olivar y en www.sagla.es. Se puede seguir la actividad de la empresa a través de Facebook y Twitter.

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