Clones comerciales

Clones comerciales

 

No descubro nada al decir que vivimos en un mundo globalizado en el que las grandes marcas llegan a todos los extremos del planeta. Si viajamos a otras ciudades de España o al extranjero ya no nos extrañamos de ver a las mismas marcas en calles de Paris, Londres, Roma o Madrid, con los mismos productos, formatos e imagen. Vivimos un proceso de clonificación en el que muchas de estas calles, a nivel comercial, son réplicas que se repiten sin fin.

El comercio singular, con personalidad propia, implantado como parte de la sociedad y del tejido urbano está perdiendo peso a causa del proceso de ocupación comercial de las franquicias y este es un lujo que no nos podemos permitir. En Palma ya hemos detectado este fenómeno y de ninguna manera podemos resignarnos a el.

Si queremos una ciudad viva, dinámica, con personalidad propia y con un comercio de calidad hay que apostar por el equilibrio entre la singularidad comercial y la franquicia. Hay que dejar claro que ambos formatos pueden ser complementarios. De hecho la franquicia ha sido una salida laboral eficiente para muchas personas que se han querido lanzar a la aventura de montar un comercio propio con recursos limitados.

Ahora bién, necesitamos tomar medidas para favorecer el comercio con nombre propio, el que hace que nuestras calles sean diferentes, el que permite crear un ambiente diferenciado de otros lugares y que complementa el atractivo cultural y patrimonial de Palma. Estos son los establecimientos por ejemplo que busca el turismo de cruceros que ahora empieza a llegar de nuevo a Mallorca.

El secreto, como casi todo en la vida, reside en encontrar el justo equilibrio entre dos formatos de comercio que pueden convivir y beneficiarse mutuamente. Busquemos este punto.
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